Indagación [II] ¿Quién soy yo?

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Mirador de Urueña (Valladolid) Foto: Camí Endins

Si indagar es investigar sobre algo que está oculto, deberemos ser como los exploradores, a los que guía el anhelo de descubrir cosas hasta entonces desconocidas. Van en busca de algo que creen que existe, que está oculto y quieren sacarlo a la luz. A medida que avanzan van dejando lo conocido porque les guía descubrir lo que está más allá, por eso su avance lo orienta lo que no es; el camino del explorador está marcado por los “noes”, porque a medida que avanzan irán descartando, y dejando atrás lo ya conocido.

Esta actitud del explorador se parece al ejercicio de indagar, pero para este ejercicio no hay que moverse ni caminar fuera de uno mismo, al contrario, hay que dejarse guiar por nuestro anhelo, que nos lleva a nuestro centro.

El punto de partida es la pregunta ¿qué soy yo? Es la pregunta por el Ser, por la Naturaleza Primordial, por lo más central de uno mismo. Todas las demás preguntas se derivan de ésta. Y tenemos la experiencia de que esta pregunta, más o menos manifiesta, surge en los momentos de confusión, en los que parece que todo pierde sentido, en los que ya uno ha agotado las vías para explicarse las cosas que le pasan.

Para nuestra mente analítica esto es un lío irresoluble y huye de lo que considera confusión, intentando responder para llenar el vacío mental. Y empieza a responder con avidez y premura, acudiendo a lo externo: soy hijo de, padre de, mi profesión es, soy de esta manera o de la otra, estoy de acuerdo con y en desacuerdo con, porque yo soy así. Y nos engañamos creyendo que nos damos una respuesta porque creemos que de ese modo nos identificamos y ya sabemos y saben los demás quiénes somos. Pero cualquier respuesta sólo sería, y sólo puede ser, una opinión, una idea u otro concepto…y estaríamos en el punto de partida.

Habíamos dicho que esta pregunta no es para nuestra mente analítica. La respuesta viene de abrir camino a la mente intuitiva, que es la más sensata. La respuesta es “no lo sé” y justamente en este “no lo sé” está la certeza de que la pregunta es la respuesta: Yo soy algo, me percibo que existo, que soy. Es la intuición más clara que tengo de mí mismo. Es, además, inmediata; nadie nos lo ha enseñado: me siento existiendo. Es decir, la pregunta ¿qué soy? no se responde; se vive; porque ya somos; o mejor, nos vive a nosotros, porque somos eso que intuimos.

Situarse en la pregunta-respuesta “yo soy” supone estar en el momento presente, sin aferrarse a ninguna intención, sin dejarse llevar por el pensamiento de estar haciendo algo especial. Es estar internamente aquietado y ver pasar los pensamientos sin aferrarte a ellos.

Requiere un poco de disciplina y atención. Es quedarse quieto y asistir al enorme juego de la mente, cargada de pensamientos, emociones, sentimientos, recuerdos, creencias, e ir desechando todo lo que aparece, porque todo aquello que podamos definir o poner nombre es algo que nosotros mismos hacemos; es producto de nuestra mente. No son las creencias, ni las ideas que nos formamos, ni las imágenes, ni los recuerdos, ni siquiera el cuerpo. No soy ni los sentimientos, ni las emociones, ni los pensamientos. Todo eso ocurre, todo eso lo fabricamos nosotros, todo eso sucede, pero no soy yo.

La indagación hacia “¿qué soy yo?” es un continuo ir quitando capas y capas, hemos de observar e ir diciendo esto no es, cuando venga un intento de definición; esto no es, cuando venga una explicación en forma de recuerdo; esto no es, cuando aparezca la teoría aprendida. Nada de eso soy ¿Qué soy? Aquello que observa, aquello que es testigo, aquello que ve… Aquello que no puede ser hallado objetivamente. Soy aquello donde sucede todo eso. Es como la pantalla de cine, donde se proyectan miles de imágenes, donde suceden muchas cosas, pero ella es testigo de lo que sucede, sin ella no habría proyección, pero no se quema cuando hay un incendio ni se inunda cuando hay una tempestad.

Contrariamente a lo que estamos acostumbrados, descubriremos que el “yo soy”, el sí mismo, la naturaleza primordial que soy no tiene forma, es una intuición surgiendo desde dentro, sin forma y como vacío. Si se le encuentra alguna forma es meramente un pensamiento. Es el Silencio, donde no llegan las palabras ni las formas.

Hilario Ibáñez

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