CONFINAMENT #covid19: PROPOSTES PER A UN TREBALL INTERIOR

En el context de confinament pel coronavirus, des de Camí Endins voldrem compartir algunes propostes que permetin un treball interior.
Per començar, compartim aquesta proposta d’Enrique Martínez Lozano. 

Coronavirus: escenario, oportunidad y recursos pedagógicos.

ENRIQUE MARTÍNEZ LOZANO

Prueba a decir “sí” a lo que hay. Nota la paz que nace de la aceptación profunda. Y deja que ese “sí” te alinee con la vida y que su dinamismo te mueva a la acción adecuada.  

Tiendo a ver las crisis –como esta que ahora nos afecta– como un escenario y una oportunidad, contando con algunas herramientas que ayuden a vivir la dificultad de manera constructiva.

Un escenario en el que aparecen:

  • consejos e interpretaciones, llegando a decir que el coronavirus es un “castigo de Dios”, una “represalia de la naturaleza” o incluso una “fabricación intencionada del virus por parte de grupos de poder económico”;
  • reacciones histéricas: desde compras excesivas hasta bulos que fomentan el pánico;
  • nuestros miedos, que saltan a escena en cuanto algo descoloca nuestros planes;
  • nuestro apego, y el consiguiente miedo a todo lo que sea pérdida: de salud, de dinero, de hábitos, de seguridad…, detrás de los cuales late siempre el miedo a la muerte; suelen ser miedos a los que habitualmente –en condiciones “normales”– intentamos mantener bajo control, ignorándolos o compensándolos, pero que afloran cuando las circunstancias nos ponen ante lo que percibimos como amenaza grave;
  • el hecho evidente de que no tenemos el control del que nos gusta presumir;
  • y la realidad igualmente evidente de la impermanencia: en el mundo de las formas –el mundo manifiesto– no hay ni puede haber nada estable; lo único permanente es que todo cambia.

Una oportunidad:

  • para replantearnos y reajustar nuestro modo de ver la vida y nuestro modo de vivirnos; al descolocarnos, las crisis –si sabemos aprovecharlas– nos obligan a preguntarnos para qué, cómo y desde dónde vivimos;
  • para reconciliarnos con nuestros límites y nuestra vulnerabilidad;
  • para crecer en solidaridad, ayudando especialmente a quienes se sienten más frágiles ante esta situación o, al menos, no tener comportamientos que aumenten la amenaza de contagio, aunque ello implique negarnos acciones que desearíamos, pero que pueden conllevar riesgos para otras personas; 
  • para crecer en empatía y en compasión, que implica ponerse en el lugar de los otros, sobre todo de los más frágiles, y no girar únicamente en torno al miedo o malestar propio;
  • para alinearnos con la vida y todos los seres: somos uno;
  • para reconocer que el camino de la sabiduría y de la paz es la aceptación; aceptar no es resignarse ni aprobar lo que ocurre, sino sencillamente reconocerlo hasta, en el buen sentido de la palabra, rendirnos a la Vida y a lo que esta nos trae en cada momento;
  • para comprender lo que realmente somos: aquello que no cambia cuando todo cambia; aquello que permanece y es consciente de los cambios; aquello que no puede ser dañado por ninguna crisis, ningún miedo, ninguna pérdida y ninguna muerte. Somos el Silencio del que nacen las formas y los ruidos, Aquello estable y permanente donde todo está bien.

Unas herramientas para el aprendizaje:

  • compartir los miedos con alguna persona sensata y de confianza; es importante que reúna esa doble condición: al verbalizar los miedos, tomamos distancia de ellos, pierden su poder de atraparnos, al tiempo que experimentamos el regalo de la comprensión y de la solidaridad ajena;
  • aceptar la impermanencia: no hay nada que no sea impermanente, todo es cambio constante: al ganar le sigue el perder, al reír el llorar, al aferrar el soltar, a la tranquilidad la inquietud…, al nacer el morir;
  • cuidar el amor incondicional hacia sí: es el mayor poder del que disponemos en el nivel psicológico; se trata de cuidar la cercanía amorosa hacia sí y el diálogo interno constructivo para aprender a estar consigo mismo/a en todo momento; si siempre necesitamos el amor hacia nosotros, con más razón cuando aflora nuestra mayor vulnerabilidad;
  • comprender el funcionamiento del cerebro: puede haber diferentes factores –marcadas conexiones neuronales, grabadas a fuego desde muy atrás– que explican el funcionamiento particularmente disfuncional del cerebro en circunstancias de crisis, que embarca a la persona en bucles sin salida de cavilación, rumiación obsesiva, dramatización, culpabilidad, inseguridad irracional, pánico…; en estos casos, es preciso ser paciente con el propio funcionamiento cerebral, sin entrar en los vericuetos que propone; 
  • soltar, consciente y voluntariamente, todos aquellos pensamientos que generan miedo obsesivo e inseguridad irracional: cada vez que aparecen –son involuntarios y pueden ser automáticos–, los dejamos caer, como si fueran una nube pasajera; no los “recibimos” en nuestra casa ni, mucho menos, los “alimentamos” dedicándoles tiempo;
  • practicar el silencio, para tomar distancia de la mente pensante y anclarnos en la atención; experimentamos cómo, al atender la respiración, todo el movimiento mental y emocional puede ir acallándose; y al conectar con el Silencio, descubrimos que, en ese nivel, no hay crisis ni etiquetas, miedos ni juicios: el Silencio, al “bajar el volumen” del ego, reduce también sus gritos; la práctica puede conducirnos a comprender que somos precisamente ese Silencio, como fondo permanente y estable de todas las formas impermanentes;
  • vivir la responsabilidad en todo lo que está en nuestra mano, como gesto de solidaridad y de amor: en situaciones de crisis colectivas, aparecerán reacciones de todo tipo, dependiendo de dónde –psicológica y espiritualmente– se encuentre cada persona; pero ese aspecto colectivo de la crisis requiere asumir con responsabilidad aquellos comportamientos que ayuden a las personas y favorezcan el buen funcionamiento de la vida social, desde evitar riesgos innecesarios hasta promover actitudes de servicio; y no es una cuestión meramente individual, sino que se trata, en el sentido más profundo, de un compromiso social;
  • desdramatizar e incluso dejar lugar al humor; me envían por whatsapp –la aplicación tiene mucho “alimento” con estas cosas– una reflexión que se está compartiendo mucho en Italia: “A nuestros abuelos les pidieron que fueran a la guerra. A nosotros solo nos piden que nos quedemos en casa”

Conclusión:

Si tuviera que resumir las actitudes básicas para vivir una situación de este tipo, lo haría con estas palabras: cuestionamiento, amor, aceptación, responsabilidad y solidaridad.

Y para terminar:

¿También aquí es aplicable el principio de que “lo que viene conviene”?

Algunas personas me lo han preguntado, entre la ironía y el enfado. La respuesta que me brota es la siguiente:

  • Esa afirmación no significa en absoluto justificar lo que está sucediendo; tampoco aprobarlo ni resignarse.
  • Más aún, tal afirmación no se refiere directamente a los hechos que ocurren, sino a la actitud adecuada para vivirlos.
  • Recordemos la máxima que establecía el gran místico cristiano del siglo XIII, el Maestro Eckhart, como principio de sabiduría cotidiana: “Que el hombre acepte todas las cosas como si él mismo las hubiese deseado”.

Así entendida, me parece que aquella frase constituye la clave acertada para vivir todo lo que nos sucede. Aceptamos lo que hay –y si hay que pasar el coronavirus, lo pasaremos–, nos ejercitamos en decir “sí” a la Vida –aunque nuestra mente no lo entienda o incluso se resista– y comprendemos que, más allá de lo que percibimos en la superficie, la Vida es un proceso inteligente y sabe lo que hace: en lo más profundo de lo real, hay Algo que sabe.

Una vez alineados o alineadas con la realidad, brotará de nosotros todo aquello que haya de hacerse. Pero eso nacerá, no desde la resistencia, la rabia, el enfado o el miedo, sino desde la aceptación profunda que permite que brote en cada caso, no la acción programada por el ego, sino aquella desapropiada que, por eso mismo, resulta adecuada en la situación concreta.

Enrique Martínez Lozano

Font: https://bit.ly/2xG8uH9

Què soc?

QUÈ SOC?
Presentació del llibre “Cuando la vida nos vive” d’Hilario Ibañez.
Lloc: Biblioteca Can Fabra-Sant Andreu
Data: 25 d’octubre 2019 a les 19h

En aquest acte es presentarà el llibre d’Hilario Ibánez, membre promotor de Camí Endins, que cerca la interioritat des de diverses mirades.

El llibre recull el testimoni de deu persones que relaten la seva experiència d’interioritat i l’acte vol mostrar alguna d’aquestes experiències, juntament amb les motivacions de l’autor, lligades a l’experiència a Camí Endins.

Camí Endins ofereix espais de meditació al barri de Sant Andreu, però aquest vegada vol que la música ompli els espais de silenci, de la mà de Lídia Pujol. La música, com a expressió artística de l’ànima, pot ser una oportunitat perquè l’Ésser es reconegui amb el que sempre ha sigut: plenitud i llum.

Cuando la Vida nos vive

Cuando la Vida nos vive presenta deu persones les quals relaten la seva vida d’una manera senzilla. No tenen res d’estranyes, ni en són especials; viuen el seu dia a dia amb normalitat i integrades i compromeses en la societat. Simplement s’han atrevit a aprofundir en si mateixes i han descobert que el centre de tot no és a l’exterior, dit en altres paraules, el centre és dins nostre; no cal anar massa lluny.

Conversa amb Krishnamurti

Jiddu Krishnamurti  (India 1895-EEUU 1986)

Krishnamurti es uno de los sabios y maestros del siglo XX. Es inclasificable, aunque se le incluye dentro del hinduismo. No es fácil de leer, por eso no hay que intentar entender todo lo que dice, pero si es seguro que en lo mucho o poco que se entienda siempre aporta, interroga, reta, y provoca con sus planteamientos.

Su bibliografía es inmensa: Libros escritos por él y libros donde se recoge su enseñanza en entrevistas, reuniones o charlas que daba por todo el planeta. Aquí, alguien le pregunta por la meditación.


PREGUNTA: Hay varios sistemas de meditación, pero no parece que crea en ninguno de ellos. ¿Qué piensa que es la meditación?¿Qué piensa que es la meditación?

KRISHNAMURTI: No importa mucho lo que piense uno qué es la meditación, porque el pensamiento siempre está condicionado; y ciertamente es muy importante descubrir que el pensamiento está condicionado. No hay pensar libre, porque el pensamiento es la respuesta de la memoria; y si no tuvieran memoria serían incapaces de pensar. La reacción de la memoria, que está condicionada, es lo que llamamos pensar; no se trata, pues, de saber qué es lo que pensamos sobre la meditación, sino de descubrir lo que es la meditación.

Una mente que es incapaz de atención completa, -no de concentración, sino atención completa- nunca puede descubrir nada nuevo. De modo que la meditación es necesaria; pero la mayoría de nosotros se preocupa del sistema, el método, la práctica, la postura, la manera de respirar y todo lo demás. Nos interesa, no el descubrimiento de lo que es la meditación, sino la manera de meditar, y pienso que hay una enorme diferencia entre ambas cosas. Para mí, la meditación es el proceso mismo de descubrir lo que es la meditación; no es el seguimiento de un sistema, por antiguo que sea y no importa quién se lo haya enseñado. Cuando la mente sigue un determinado sistema o disciplina, por beneficioso y productivo que sea de un resultado deseado, se halla condicionada por ese sistema, lo cual es evidente; por lo tanto, jamás podrá estar libre para descubrir qué es lo real. Así pues, estamos tratando de descubrir qué es la meditación, no cómo meditar; y, si escuchan esto, no sólo de modo verbal, sino de hecho, descubrirán por ustedes mismo lo que es.

¿Saben lo que es la meditación? Sólo pueden saberlo en términos de un sistema, porque quieren lograr un resultado de la meditación. Quieren ser felices, alcanzar este o aquel estado, y así su meditación ha sido ya premeditada. Por favor no despachen el asunto riéndose, más bien obsérvenlo. Su meditación es simplemente repetición, porque quieren un resultado que está ya establecido en su mente: ser feliz, ser bueno, descubrir a Dios, la verdad, la paz o lo que quieran. Han proyectado lo que desean, y han hallado un método para alcanzarlo, y eso es lo que llaman meditación. Después de todo, esa proyección es el resultado, lo opuesto de lo que tienen, de lo que son. Como son violentos, quieren paz; encuentran, pues, un sistema, un método para conseguirlo; pero en el mismo proceso de lograr esa paz, condicionan la mente de tal manera que es incapaz de descubrir lo que es la paz. La mente sólo ha proyectado la idea de paz, partiendo de su propia violencia.

La mayoría de nosotros cree que aprender a concentrarse es meditar; pero ¿es eso? Todos los niños se concentran cuando les dan un nuevo juguete. Cuando realizan su tarea, si de alguna manera están interesados en ella, están concentrados; o bien se concentran porque está en juego su sustento. Pero nada muy vital depende de su llamada meditación, de modo que tienen que forzarse para concentrarse; su mente se desvía y siguen esforzándose para hacerla volver de nuevo, lo cual evidentemente no es meditación. Esto es tan sólo aprender un truco; cómo concentrarse en algo que no les interesa vitalmente. Y puede uno ver que una virtud que se practica deja de ser virtud.

La virtud es algo que carece de motivo. La bondad no tiene incentivo; si lo tiene, ya no es lo bueno. Si soy bueno porque se me recompensa por ello,  deja de ser bueno; y, para estar libre de recompensa, de incentivo, mi mente tiene que sufrir una completa revolución mediante una adecuada clase de educación. Todo esto es meditación; y hay que ayudar a la mente a descubrir lo que es la meditación.

Por cierto, la meditación no puede existir sin autoconocimiento; y el conocimiento propio consiste en ver cómo la mente busca incentivos, cómo usa sistemas y se disciplina para conseguir aquello tras de lo cual va, lo que espera ganar. Darse cuenta de todo esto es meditación, y no meramente el tratar de aquietar la mente. La quietud de la mente puede producirse muy fácilmente tomando una droga, o repitiendo ciertas frases; mas en ese estado la mente no está quieta. Sólo puede estarlo cuando existe la comprensión de lo que es la meditación. Una mente quieta no está dormida, está extraordinariamente alerta; pero una mente a la que se hace estar quieta está estancada, y una mente estancada nunca puede comprender lo que está más allá de sí misma. La mente sólo puede descubrir o experimentar algo más allá de sí cuando comprende el proceso total de sí misma; y esa comprensión requiere completa atención, darse plena cuenta del significado de sus propias actividades. No tienen que practicar un sistema de disciplina. Para la mente, observarse sin distorsión es en sí una asombrosa disciplina. Para no falsear lo que ve, la mente tiene que estar libre de toda comparación, de todo juicio, de toda condenación, y no eventualmente o con el tiempo, sino ser libre desde el principio mismo; y eso requiere una gran dosis de atención. Entonces encontrarán que la mente se aquieta por completo sin que se la apremie, no sólo en el nivel superficial, sino en lo hondo. En raros momentos, puede uno tener una experiencia de quietud; pero esa misma experiencia se convierte en un obstáculo, porque llega a ser un recuerdo, una cosa muerta.

De modo que, para que la mente esté quieta, tiene uno que morir para toda experiencia; y cuando la mente está realmente quieta, entonces en esa misma quietud hay algo que no puede expresarse en palabras, porque no hay posibilidad de reconocimiento. Todo lo que sea reconocible ha sido ya conocido; y cuando la mente está quieta, hay una liberación total de lo conocido.