[Indagación I] Análisis versus Indagación

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Estremar (Os Ancares, Lugo) Foto: Camí Endins

Quien más quien menos, creo que todos, de un modo u otro, nos hacemos preguntas tan fundamentales como: “¿quién soy yo?” o, más apropiadamente, “¿qué soy yo?“, “¿cuál es mi verdadera naturaleza?“, “¿por qué nací?“, “¿por qué debo morir?“, “¿cuál es mi relación con mis semejantes?“… Ser humano significa hacerse estas preguntas. Y probablemente, el no hacerlas u ocultarlas es fuente de sufrimiento. Inevitablemente, cada uno se las responde como puede.

También hay preguntas más cotidianas: “¿Por qué me pasa esto a mí?” “¿qué es lo que he hecho yo para que me suceda todo esto?” “…si hubiera hecho o dejado de hacer tal cosa me hubiera ido mejor”. Damos vueltas y vueltas a los mismos temas sin solución de continuidad. Pensamiento tras pensamiento nos vemos metidos en una rueda sin salida, aunque eso sí, nos lo pasamos muy entretenidos pensando sobre lo que pudo haber sido y no fue, sobre lo que será y sobre lo que debería ser.

Pero tenemos la experiencia que así no se resuelve nada. Acudimos a expertos, análisis, enseñanzas, intentando encontrar la respuesta, pero es un callejón sin salida, a veces encontramos una especie de respuesta, pero vemos que siempre es incompleta y/o poco satisfactoria… Pero puede ser que ocurra esto, porque quizás empleemos un método inadecuado: el análisis.

El análisis es un estudio minucioso de las partes de una cosa; es algo así como deshacer el lío, descomponiendo en partes lo que queremos conocer. Cogemos un objeto y tratamos de entenderlo, distinguiendo y separando sus partes, valorando, comparando, juzgando a través de la razón analítica…

Ante las preguntas que nos hemos hecho anteriormente, también decimos: Espera, que vamos a analizar. Es decir, vamos a ver qué es la vida, o el yo o la muerte, o mi verdadera naturaleza como si todo eso estuviera fuera de nosotros, como si fuera un objeto más que vemos, tocamos y podemos descomponer para analizarlo. Es decir, aplicamos el mismo método para analizar el mecanismo de un coche que para analizar qué soy… y ahí puede estar el error.

Porque la pregunta qué soy no es tratar sobre un objeto, algo exterior a mí mismo. Y por eso la respuesta no puede consistir en decir mi edad, mi procedencia, mi trabajo, si soy padre o madre o hijo de, etc. Cuando nos preguntamos por nuestra propia naturaleza, nos estamos preguntando sobre el mismo que se hace la pregunta. Es como si el ojo se preguntara qué es la visión.

Por tanto hay que emplear otro método, que deje a un lado el pensamiento, la razón, el análisis y ayude a acceder a lo que realmente somos, a nuestra Naturaleza Primordial o a nuestro Ser. Es decir, que no dirija la mente hacia los objetos, lo externo, sino hacia la fuente de todo, que está en uno mismo. El ser humano posee en el fondo de sí mismo lo esencial de toda sabiduría. Lo sepa o no, la verdad está en él mismo y en ninguna otra parte.

Ha de ser un método que se deje llevar por la intuición, la observación y la contemplación, que facilite el situarse como testigo de lo que acontece.

Este método es la indagación, que como define el diccionario es un conjunto de investigaciones que se llevan a cabo para acceder a un asunto oculto o secreto. Hemos de emplear la mente, pero hemos de utilizarla para poder acceder a un lugar más allá de ella misma, que por eso mismo no es objeto de análisis, y por eso se queda sin palabras para poder responder…es el lugar del silencio.

Pero de esto hablaremos otro día.

Hilario Ibáñez

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